Ventanas al exterior (1 de 5)
Texto: Rosa Olivares

Como en la música, también en la naturaleza aparece la belleza como un relámpago, para desaparecer inmediatamente cuando se intenta convertirla en algo firme, en una cosa".
Theodor W. Adorno ("Teoría Estética")

Sí tuviéramos más tiempo tal vez nos fijásemos en las hojas muertas y en como se desvanecen sobre la hierba de pequeños parques a nuestro alrededor. Tal vez, si tuviéramos más tiempo, nos daríamos cuenta de las diferencias que existen entre las hojas de un árbol y las de otro. Si tuviéramos tiempo saldríamos a pasear por parques, por el Retiro, por la Casa de Campo, por otros muchos parques que sobreviven en las grandes ciudades como Madrid, ciudades que han crecido de espaldas a su origen, de espaldas a la naturaleza y, casi siempre, de espaldas a la belleza, pero que todavía quieren mantener vivo cierto recuerdo de un paisaje verde y lleno de árboles y fuentes. Incluso, saliendo un poco de los límites ya borrosos de la ciudad, llegaríamos al campo, o a algo parecido al campo. Con paciencia volveríamos a comprender el proceso natural por el que las plantas viven y mueren. Por el que la naturaleza respira y se transforma.

sintra (1982)

sintra 1982

Pero hoy en día, en el mundo en el que la mayoría vivimos ya no hay sitio para la naturaleza. El campo se ha convertido en un recuerdo, el paisaje es aquello que vemos por las ventanillas del coche, del tren o del avión cuando viajamos a grandes velocidades, cerrados herméticamente a un exterior que deseamos y del que, sin embargo, nos alejamos cada día más. La relación con la naturaleza se ha convertido en algo privado. Hay actitudes que unen la estética con los problemas sociales y políticos y, en ese sentido, hacen de la lucha por la recuperación de la naturaleza un acto político, de su representación artística un acto de lucha. En ese sentido hay que darle una nueva lectura al arte político pues sus actuales reivindicaciones son muy diferentes a las de otros tiempos, tanto en formas como en contenidos. Pero de la relación con la naturaleza lo que suele crecer es una muy personal actitud, una forma de expresarse intimista y diversa, pero siempre con unos matices cercanos al lirismo, al romanticismo y algunas veces con una tendencia muy clara hacia un cierto tipo de silencio que apreciamos más claramente en la poesía o en la música que en las artes plásticas.

Entonces sustituimos la idea de naturaleza por la de exótico. Ya solo apetece conocer selvas tropicales, valles infinitos, árboles eternos cuya sombra es tan gigantesca como inabarcable es su tronco y la locura enredada de sus raíces. Naturaleza es el pico inaccesible de una montaña de nombre extraño, en un país ajeno. Pero el jardín cercano, el parque cuyos límites son poco menos que previsibles, ese valle con un pequeño ese monte familiar al que podemos ir en cualquier momento, cualquier día, eso ya no es una aventura hacia la naturaleza. Todo eso es, simplemente, un paisaje cualquiera. Cuando sustituimos la naturaleza por todo aquello que es lejano, agreste, salvaje, tropical, por todo aquello que se acerca a la aventura y precisa de planes, mapas, tiempo de vacaciones…entonces olvidamos ese diálogo privado, personal, entre el aire libre, el aroma de los arbustos, el sonido del agua y nosotros. La naturaleza es todo lo que no precisa de nosotros para vivir, que, cercana o lejana, calmada o salvaje, verde o seca, se desarrolla sin nuestra presencia, ajena a nuestra cultura y a nuestras necesidades.

No hay que sorprenderse entonces de que lo natural haya desaparecido casi por completo del arte actual, que ya no sea un tema para los artistas. El paisaje ha cambiado, el bosque, la visión idílica de un prado, la idea de un paisaje ideal, 'pintoresco' como lo bautizarían a partir de Claudio de Lorena, ha sido sustituido por la representación de la ciudad, los puertos por aeropuertos, la arquitectura se convierte en la protagonista del paisaje actual, y muy especialmente en la creación fotográfica contemporánea. Con la evolución de la fotografía y su aceptación como un lenguaje artístico más, la ciudad y su arquitectura se convierten en el paisaje habitual y, poco a poco, también en el paisaje ideal. La idea de natural se ha quedado como algo distante, que es paulatinamente recuperada por algunos fotógrafos y pintores que se plantean reivindicaciones políticas y sociales.

 

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