Tiempo de Ruinas (1 de 4)
Texto: Rosa Olivares

La diferencia entre la ruina y el escombro es la memoria. La vida que albergó ayer lo que hoy solo es piedra; estas paredes que ya no protegen a nadie ni a nada fueron colegio, casa, universidad, campo de concentración, albergaron no solo a personas, a niños, a hombres, sino a sus sueños y a sus miedos. Vidas perdidas, rotas, olvidadas, desconocidas ya, pero que impregnaron estos espacios hoy sin sentido más que para los pocos que recuerdan, que sienten ese recuerdo aun desconociendo los hechos. La vida se quedó enganchada en los estucos, pegada a los azulejos, mirando por las ventanas, corriendo y jugando por los pasillos. Tantos rezos, tanto dolor, tanta esperanza perdida, nunca desaparece. Tal vez por eso nadie se atreve a derribar estos escuálidos muros que aun así siguen siendo de una belleza abismal; tal vez por eso nadie se atreve a eliminar definitivamente estas ruinas y liberar en el espacio a sus espíritus. Pues todavía viven entre sus piedras las memorias de las almas perdidas que pasaron por aquí, aquellas que vivieron el principio y las que vivieron su final. Siguen paseando por las orillas del mar que vuelve una y otra vez, entre las plantas que se apropiaron hace tiempo de todo. Son los que dotan de alma, de vida, a estos escombros convirtiéndolos en ruinas, es la prueba de que aquí la historia fue real, de que hubo vida y de que hubo muerte. Eso es lo que confiere belleza a un lugar, el paso de un tiempo vivido y recordado. El tiempo pasa, imposible de ser detenido salvo en una fotografía. Una imagen que congela una realidad que ya nunca se transformar. pero que, sin embargo, se convertir. en algo diferente a lo que fue.

sintra (1982)

Dicen que el asesino siempre regresa al lugar del crimen. La realidad es que todos somos asesinos, víctimas y testigos al mismo tiempo. Pilar Peque.o vuelve sistemáticamente a estos dos lugares, en el norte y en el sur de España, en el norte y en el sur de su vida. Son lugares llenos de recuerdos personales, lugares donde de alguna manera ha sido feliz, son lugares en los que diferentes etapas de su vida le han hecho recorrer estos espacios, con unos ojos abiertos sobre todo al pasado. Primero el norte, Galicia, sus or.genes, su familia, su padre. Peque.o habitante de estas ruinas cuando todavía no lo eran. Memorias individuales y también colectivas, porque este edificio, estos edificios al borde del río Miño, enfrentados visualmente con la orilla portuguesa, tan cerca del mar, vivió muchas vidas y muchos abandonos. Primero un colegio religioso, después una cárcel militar. Un lugar sin futuro que ha ido deshaciéndose en soledad, un lugar que parece no tener quien lo quiera, quien se decida finalmente a eliminar cualquier vestigio de su historia, sigue ahí como un fantasma mutilado, expuesto solamente a los ojos de los pocos que aún encuentran tiempo para pasear entre sus restos.

Esa es una de las características del trabajo de Pequeño, una cierta tranquilidad, el saber tomarse el tiempo necesario para mirar, para volver a mirar, para detenerse en los latidos del aire, en las sensaciones que perviven en el espacio. Todo esto está en estas imágenes, son realmente sus protagonistas, pues donde nosotros vemos paredes desconchadas, ventanas sin cristales, paredes y puertas medio destruidas, lo que hay realmente son pedazos de historia en carne viva, fragmentos de memorias que ya nadie recordará. Nos asomamos al vacío del tiempo trascurrido desde los inicios del siglo pasado, pero nos asomamos a través de la mirada de Pilar Pequeño.

Se trata de una mirada diferente, sin prisa, una mirada educada en la observación de lo que los demás no vemos. Una mirada que se ha detenido durante años en las hojas solitarias, en la naturaleza modesta de los matorrales, de las plantas y de las flores. Una mirada que ha buscado refugio en los espacios olvidados, abandonados. Aquellos lugares donde la calma, la belleza, el cuerpo y el espíritu vivieron en algún momento. Lugares que ya no existen pues la historia y el paso pertinaz y grosero del tiempo se ha llevado por delante la calma y en gran medida la belleza que era inherente a una forma de vivir, una forma de ser, cuando el tiempo se respiraba con lentitud. No se trata de nostalgia, ni de un canto resignado a la decadencia del hastío. La mirada de Pilar Pequeño es totalmente contemporánea, sucede en el aquí, en el ahora y mira el pasado como un hecho real, tangible, que persiste en sus fragmentos resquebrajados y dispersos. La idea de ruina que maneja el artista actual es una deriva del concepto romántico. Pero no solo. Es también la evolución de la idea de los conceptuales sobre la ruina como un segmento de realidad inacabado, un lugar, una idea que define la vida contemporánea. La ruina vive con nosotros, y de alguna manera los artistas de hoy la representan de formas diversas en sus obras.

 

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