extractos de una conversación con Pilar Pequeño

recogida por Luis Revenga

No conozco mejor definición de la palabra arte que esta: “El arte es el hombre agregado a la naturaleza”; la naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales da expresión, “que redime”, que desenreda, libera, ilumina.
Vincent van Gogh (“Cartas a Théo”. Wasmes, junio 1879)

Mientras escribo estas páginas recuerdo a Pilar siempre atenta a los cambios de luz: mira ahora esa nube: filtra el sol y los álamos parecen emerger de la niebla. Desde una de las ventanas del salón se ve a lo lejos el Parque Natural de la Corneja a través de una hilera de álamos blancos, flanqueados a la izquierda por cedros, y un estanque con nenúfares, lavanda y calas. Junto al estanque siempre me sorprende la energía de los juníperos, también hay mimosas y coronillas. A la derecha, desde la siempre diferente ventana, muchas tardes ante las fotografías de Pilar o el magnetofón, intentando obtener datos que arrojen más luz sobre su obra y ella. En los membrillos y prunos comienzan a despuntar brotes que pronto serán flores.

Luis Revenga (LR): Pilar, ¿la luz determina el discurso?

Pilar Pequeño (PP): Al igual que con el encuadre, de un mismo sujeto pueden obtenerse diferentes imágenes dependiendo de la naturaleza de la luz. Para tratar de transmitir el sentimiento que una imagen me ha producido, considero que la luz es parte fundamental de esa imagen y la incorporo cómo, tal vez, el elemento más importante de la composición. Las mismas cosas pueden expresar diferentes sensaciones dependiendo de la luz. La luz y las sombras, es decir la escena lumínica tal y como se representa. En Vermeer se aprecia muy bien el equilibrio entre luces y sombras. Y en la pintura de Edward Hopper pude comprobar que las cosas que se ven en sus cuadros son lo que retrata y la luz.

LR: Aprendiste dibujo y pintura en una escuela

PP: Eso fue después. Antes, Josefina, la hermana mayor de mi madre, mi tía y madrina, que estudió y enseñó Bellas Artes, tuvo que marcharse a Francia durante la guerra civil. Con ella mi contacto personal fue escaso: me envió muchas postales -siempre temió volver a España- desde un pueblo en el sur de Francia, donde tenía un estudio de pintura y en cuya iglesia hay unos frescos pintados por ella. Vi numerosos cuadros en casa de mis padres, y eso pudo influirme.

Pilar Pequeño, desde muy joven comenzó a dibujar. Mi madre me decía ¿No sales? Y ella dibujaba y pintaba del natural lo que se me ocurría, pintaba todo lo que tenía ante los ojos, cosas que tenía en la habitación, paisajes. También veía muchos libros de imágenes.

PP: Siempre me gustó dibujar, y lo hacía a carboncillo o a lápiz, pero siempre en una gama monocroma: sanguina, y si usaba pastel lo hacía con un solo color.

LR: Cómo tu fotografía, siempre en blanco y negro

PP: Siempre veo mi obra sin color. Me gustan las luces, las sombras, el claroscuro. Antes, en lugar de ir a todos los sitios con la cámara, como hago ahora, llevaba siempre un rotring y papeles: Hacía línea contínua. Fue durante esa época en la que asistí al estudio de Justo Barbosa, en el que había una sección dedicada a tapices. Bueno, pues yo, dibujaba a los que dibujaban; o, a los hijos de mis amigos, en su casa, cuando les visitaba. Cuartos, muebles, mesas, cafeteras, tazas. Y aprendí algo muy importante: Plasmar mediante el dibujo diferentes texturas y materiales: Una piedra, un trapo, intentando dar la sensación del tacto de las cosas mediante líneas, luces y sombras.

Pilar Pequeño es de ascendencia gallega, y en Galicia pasaba habitualmente los veranos en familia. Fue allí, sin duda, donde Pilar comenzó a sentir una relación especial con la naturaleza -comenzó a amar las formas boscosas- y el mar. Pilar Pequeño también fotografía el mar y busca y encuentra en él coincidencias de líneas, ritmos, imágenes que nos comunican sentimientos y nos revelan su delicado y sugerente mundo interior.

PP: También fue en Galicia donde comencé a aprender fotografía. Bueno, quien comenzó fue él, entonces éramos novios. El fotógrafo -que vivía junto a nuestra casa y fotografiaba las fiestas- le enseñó algunas técnicas de laboratorio, y como mi marido (José Puga) es tan perfeccionista y serio, comenzó a comprar libros, etcétera, y es quien me ha enseñado todo. Luego nos hicimos socios de la Real Sociedad Fotográfica y allí aprendí a conocer un poco la historia de la fotografía.

Allí conoció a Gabriel Cuallado, Paco Gómez, Juan Dolcet, y a Enrique Peral, quien años más tarde dijo de Pilar Pequeño: “Ha roto la disciplina de Estricta-Gama-Tonal para conferir a sus fotografías un especial ambiente, una expresividad peculiar.”

PP: Recuerdo también a otros fotógrafos que comenzaban entonces: Manuel Sonseca, Antonio Tabernero, Díaz Maroto… Íbamos de excursión, nos reuníamos, veíamos las fotografías que habíamos hecho y las comentábamos. Era una forma lúdica de aprender. Luego a primeros de los ochenta junto a mi marido y mis hijos nos trasladamos a Estados Unidos. Fue otra experiencia apasionante. El tiempo libre lo dediqué a seguir unos cursos de pintura, no tenía laboratorio: Únicamente hice fotos familiares.
Al regresar, mediada la década, abrimos una galería: Image. Cada mes se hacía una exposición y se celebraban coloquios en presencia del autor -se alternaban fotógrafos españoles y extranjeros-, mesas redondas a las que se invitaba a críticos, fotógrafos, personas relacionadas con el arte. Tú también venías asiduamente; en aquella época eras crítico de fotografía de El País.

De nuevo la ventana. Comienza a oscurecer. Entre los numerosos documentos, y otros materiales de los que nos servimos para preparar este libro y la exposición que conmemora, recogemos un jaiku:

No es que atardezca
es que la lluvia es noche:
otoño en la ventana.
Sõgui

También una grafía china. En cierta manera así son las fotografías de Pilar Pequeño: Sugerencias, visualizaciones en apariencia sencillas pero llenas de posibles lecturas, dependiendo de quién y cómo las interprete, de quien se acerque a ellas.

PP: Si, principalmente, prefiero superficies pequeñas de la mancha fotográfica -superficie-, es para que no pueda ser vista de lejos, e invite a acercarse. Así, se establece una relación más íntima entre la imagen y el espectador. En cualquier caso, y aunque, a veces, experimente con ampliaciones de mayor tamaño, no excesivas; siempre, siempre, mis imágenes son una mirada hacia el interior. Me gusta fotografiar en soledad, en silencio, analizando el sujeto, tratando de captar con luces y sombras ese especial encuentro conmigo misma, con mi mundo. Pero no, no es algo espontáneo ni de “momento decisivo”. Mis fotografías están muy elaboradas antes, durante y después de la toma. Vuelvo a un lugar cuando la luz es la luz que yo siento. Analizo el negativo, lo estudio, programo la copia, y hago las pruebas que sean precisas hasta obtener la obra que más representa mi manera de mirar y ver. Eso ha sido así, desde los primeros años hasta ayer mismo.

Seguimos hablando de sus largos paseos en compañía de sus perros, que a veces fotografía en la inmensidad del campo por el que corren alegres, o en un recoleto lugar, o, chapoteando en el agua de una apacible hoya formada por un humilde y hermoso riachuelo.

Pero, no se trata de fotografiar la realidad. Sus paisajes son construcciones en los que destila su mundo, su pensamiento. Aquí, también habría que citar a Fray Luis de León: “El aire se serena y se viste de hermosura”.
Naturalmente, Pilar Pequeño, al encuadrar y positivar, está subvirtiendo la realidad, las cualidades de autenticidad de la fotografía, transmitiéndonos sus experiencias y conocimiento. Ese poder que ejercen sus fotografías de realidad inventada nos dejan en total libertad como espectadores. Pero, ¿sabemos mirar?, ¿vemos, leemos en esas superficies todo lo que cuentan, lo mucho que parece que atesoran a juzgar por la complejidad y belleza de sus formas? Aprendemos que lo bello es vegetal. Y, también, que una flor es simplemente una flor y en ella se encarnan cualquiera y todos los sentimientos en torno a la emoción y la hermosura. Son fotografías que nos reconcilian con la naturaleza y con el arte, pero Ryszard Kapuscinski, hablando de John Berger, nos aclara:

“…John ha creado grandes poemas y literatura, ha escrito prosas maravillosas, pero una parte de sus escritos ha tenido una importancia particular para mí, porque me ha enseñado a mirar el arte, la vida y la fotografía con una disposición activa. Yo soy fotógrafo, pero mi forma de hacer fotografías es muy instintiva. Cuando, hace años, compre en Filadelfia su ensayo Mirar, me quedé fascinado, sobre todo por su interpretación de la fotografía y de lo que se encuentra en las fotografías. Vemos decenas de ellas cada día. Y no nos damos cuenta de que para comprender las fotografías y la literatura, es necesaria una participación activa. No se pueden comprender las fotografías si uno no se pone como creador activo. Cada fotografía y cada relato necesita dos componentes: el que ha realizado la fotografía, ha pintado un cuadro, ha escrito un relato y, al mismo tiempo, el que observa o lee activamente. Sin éste último, el arte no puede existir, por cuanto el arte es un proceso bilateral…”

PP: En cualquier caso, el contenido no puede separarse de la forma, de la coordinación del espacio, de las superficies de las líneas y los valores. Es en esa organización donde nuestras ideas y sentimientos pueden comunicarse, donde puede conseguirse una imagen final que transmita nuestra forma de pensar y a sentir ante un tema previamente elegido. Los cuentos de Raymond Carver, los relatos cortos de Manuel Rivas, las telas y dibujos de Sargent o Wyatt, aunque la pintura sea un arte de síntesis, y la fotografía un arte de selección.

Lo importante en la fotografía es el planteamiento del resultado final. Para las máquinas no soy muy buena. Pero he elegido muy bien el método que necesito para producir lo que me gusta, luego olvido la técnica absolutamente. Tengo mi laboratorio; unos materiales, que hasta que no los cambien, me dan lo que quiero, no hago pruebas con otros. Me vuelco en el contenido de la imagen. Para hacer eso tengo que tener muy claro el resultado de cada uno de los productos que voy a usar; el negativo, la cámara, el positivo, los papeles, para luego olvidarme y hacerlo de manera que no me obligue a pensar en ello.

LR: Contenidos y textura.

PP: La textura la produce la luz Para mí es clave la previsualización…hacer la trasposición del color natural a una escala tonal monocroma y juzgar la intensidad y la calidad de la luz.
Normalmente trabajo en series en las que desarrollo un tema. El tratamiento del contenido no es uniforme: las primeras imágenes son más descriptivas, para poco a poco a medida que voy profundizando en el tema, el objeto aparece más cercano: la estructura de la fotografía tiene mas simplicidad, menos elementos en la composición… Así las imágenes van evolucionando, llegando casi a la abstracción. Muchas veces, una imagen inicia la serie siguiente.

En una de mis últimas series, que son las flores silvestres, todo empieza con la salida al campo, busco las flores y cuando miro la estructura de las más pequeñitas, que suelen pasar desapercibidas porque están en los arroyos o en los bordes de los caminos medio secos en el verano, ya estoy pensando en la flor, en como tiene los pétalos. Esto seguro que a contraluz va a dar una transparencia o fíjate la estructura de este tallo o estos pelos si los sumerjo en agua… Es decir ya estoy imaginando como voy a tratar a la planta. Llego con la flor a casa y me paso horas ante ella, la ventaja de los bodegones, es que al contrario que en los paisajes, no hay que esperar a que suceda la luz más conveniente. En un bodegón decido la luz: la puedo dirigir y tamizar, poner el sujeto a contraluz, juego con la luz y el objeto hasta conseguir la imagen que quiero.

LR: Se establece una relación entre ese objeto que a pasado a ser vida tuya. alguna de esas plantas siguen por aquí. Hay una relación ahí.

PP: Cuando se secan me gustan como quedan. Los eucaliptos secos son muy bonitos, cogen uno color rosáceo que no tienen cuando están vivos.

El tratamiento de la luz es el mismo que hacía Monet con sus series de los almiares, del parlamento, o de la catedral de Rouen, temas que repetía una y otra vez con diferente luz, en las diferentes horas del día o en las diferentes estaciones del año. Es apasionante ver como se transforman las cosas según las condiciona la luz. La luz es tan importante que cuando me siento satisfecha con una imagen es porque creo que he sabido captar el momento justo en que la luz produce su magia.

Es claro, en Pilar Pequeño la luz determina el discurso poético.

El Molar (Madrid) febrero-abril de 2001.

Libro: Pilar Pequeño. Caja San Fernando. Sevilla 2002