la realidad metafórica
Texto: M. Teresa G. Barranco

lameácea (2000)

lameácea 2000

Cualquier opinión sobre la obra de Pilar Pequeño ha de ser necesariamente corta por la intrínseca imposibilidad de que un solo lector-espectador pueda llegar a sintetizar toda la riqueza conceptual y emocional que encierran sus imágenes.

Poeta es aquella persona capaz de expresar- en este caso a través de la fotografía- sus emociones y sentimientos de tal modo que facilite que en su obra nos reconozcamos otros. Es quien se expresa universalmente con hondura y autenticidad. Es la persona que dotada de una sensibilidad especial para sentir el mundo que le rodea, nos lo devuelve envuelto en un halo personal, haciéndonos exclamar: esto es lo que yo he sentido y no he sabido decir.

Pilar es poeta de la imagen y le aplico el término en el sentido más auténtico y objetivo del mismo, en el sentido de la maestría de la expresión, basada en la universalidad de sus fotografías intimistas a las que ha llegado después de un recorrido de trabajo y de un encuentro consigo misma y con su propia expresión personal.

La autora lleva años en un profundo y continuo diálogo con las plantas hasta llegar a abstraerlas de la realidad. Se ha relacionado con todas, con las más humildes y con las de presencia más barroca, las silvestres y las cultivadas, las comestibles y las ornamentales. A todas ellas las ha colocado en escenarios múltiples, las ha sumergido en luces diferentes, las ha prestado otros apoyos, las ha desnudado de ropajes, ha puesto ante nosotros un universo iconográfico nuevo que nos invita a entrar y en el que vamos sumergiéndonos, sumando emociones hasta las raíces más profundas de nuestro sentir ante esta belleza nueva con la que terminamos identificándonos.

Pilar ha creado con sus fotografías un discurso estético personal, una narración intima y continua que ya no nos deja escapar. Ella nos arropa con la belleza que crea un mundo de conceptos vacíos, por el contrario nos ha personalizado y nos ha ofrecido una realidad que ha salvado de su cotidianeidad enriqueciéndola con sus propios sentimientos.

Las imágenes que componen todo este mundo son fotografías de cabecera, como los buenos libros, para acudir a ellas continuamente, para que formen parte de nosotros mismos. La autora fotografía calladamente, haciendo emerger la bellaza del silencio de sus atmósferas vegetales, poniéndonos ante la mirada la inmensidad momentánea de una hoja iluminada, sumergida, flotante de aromas silvestres.

Los mundos vegetales de Pilar son silentes hermosuras, húmedas quietudes, tiempos que remansan ante nuestra mirada muda de pobres espectadores que nos dejamos arrastrar por la honda fuerza y la alada suavidad de unas formas en las que podemos ver los colores envueltos en las luces y las sombras de un blanco y negro exquisito.

Ante estas fotografías se siente el tenue soplo que mueve un estambre, se vibra con el leve resplandor que surge entre las sombras de hojas y flores empapadas en noche y misterio, de alba y quietud.
Algunas de sus imágenes son casi oracionales, musitantes, por eso llegan muy hondo y a la inmensa mayoría. Con la amplitud y la universalidad de sus propuestas del mundo vegetal que nos presenta, ha conseguido crear un mundo fotográfico propio. En su trayectoria nunca ha bastardeado su voz, siempre ha sabido lo que quería expresar y cómo hacerlo. Ha sido fiel a un lenguaje, el blanco y negro, a un formato adecuado a su discurso, y a unos juegos de luces naturales para trabajar con ello desde su propio mundo interior, de espaldas a esnobismos, modas fáciles y temas en boga.

Iris (1993)

iris 1993

La autora ya tiene su obra, y aunque sin duda seguirá creciendo, en estos momentos ya ha sido capaz de realizar un corpus maduro y propio.

Pilar Pequeño ha trascendido incluso el propio medio fotográfico, y cualquier estudioso que se adentre en su obra verá que tiene que hacerlo como en cualquier otro medio creativo, es decir, con referentes artísticos genéricos y universales. Sus fotografías están llamadas a la posteridad porque la universalidad de la que hablamos le hará comunicarse con las generaciones que han de venir. En el futuro se contemplarán estas fotografías sumergiéndose en la serenidad y la belleza que transmiten hoy, porque las emociones del ser humano son similares cuando el artista ha sabido expresarlas.

Photomuseum. Zarautz, Guipúzcoa 2001

 

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