la humildad, el juego, la belleza
Texto: Maria Ángeles Sánchez

phillips collection (1988)

phillips collection 1988

La belleza. Ahí está la clave. En su búsqueda. En su hallazgo.

El trabajo de Pilar Pequeño refleja, obviamente, la realidad. Pero es una realidad decidida de antemano, sobre la que la autora ha realizado, desde hace años, una continuada apuesta, para la que no escatima sentimientos, emociones, pensamientos, horas. Técnica. Esfuerzos.

El juego. Cuando se le pregunta, quizás en un absurdo interés que traspasa la evidencia (con la que, dada su riqueza, posiblemente deberíamos conformarnos), por qué ha hecho, en esta fotografía y no en otra, tal o cuál cosa, responde con una refrescante simplicidad: «Yo qué sé. Por jugar un rato más. Voy probando. Me divierto».

¡Qué respiro! En tiempos en que la ausencia de creatividad, de reflexión, de riqueza interior se esconde a menudo tras los farragosos –cuanto más ininteligibles, mejor– discursos teóricos, este soplo de autenticidad viene, ciertamente, a renovar el paisaje.

La humildad. No hay más que imaginarla en pleno proceso creativo, oculta tras una tela negra, en la que sólo se abre un orificio, suficiente para que por él pueda emerger el objetivo. Con ello busca que su presencia no se refleje en el sujeto fotografiado: agua, vasos, jarrones. Pero, desde mi punto de vista, tiene un carácter mucho más profundo y simbólico, fácil de advertir cuando se contempla su obra: la hermosa realidad transformada está siempre por encima de quien ha sido capaz no sólo de captarla sino, fundamentalmente, de provocarla, de crearla.

despedida. A. Guarda (1997)

phillips collection 1988

Y todo ello en un tono intimista, sensible, minucioso, que de cuando en cuando –como queda evidente en estas páginas– se asoma al mundo exterior, combinando, sin solución de continuidad, ambos discursos, en los que siempre está presente, aun de modo imperceptible, la coherencia. ¿Qué son, si no –aunque el desarrollo, posiblemente, haya sido sólo casual– esas luces y esas sombras del cuarto de estar de la mansión de los Phillips, sede de la Phillips Collection de Washington, que alberga parte de la obra de Edward Hopper, uno de cuyos más famosos cuadros aparece, a renglón seguido, envuelto también en luces y sombras y en forma de solitario cartel, en la casa familiar de A Guarda (Pontevedra)? Entre una y otra fotografía median nueve años. En la segunda, Pilar se despedía, con dos únicos disparos de su cámara, de la vivienda donde había pasado los más felices veranos de la infancia, y a la que ella, de mayor, aportó la presencia de uno de sus pintores favoritos.

Desde la continuidad, desde la verdad, desde el dominio de los recursos, Pilar Pequeño juega humildemente con la belleza. Y la hace pasar por sus hermosos ojos de mujer.

He aquí, en este libro, el resultado final de tan feliz conjugación.

Colección Photobolsillo nº 12
Editado por La Fabrica. Madrid 1999

 

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