extractos de una conversación con Pilar Pequeño (1 de 3)
recogida por Luis Revenga

pilar (2001)

pilar 2001.
© Carmen Pequeño

No conozco mejor definición de la palabra arte que esta”: El arte es el hombre agregado a la naturaleza”; la naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales da expresión, "que redime", que desenreda, libera, ilumina.
Vincent van Gogh ("Cartas a Théo". Wasmes, junio 1879)

Mientras escribo estas páginas recuerdo a Pilar siempre atenta a los cambios de luz: mira ahora esa nube: filtra el sol y los álamos parecen emerger de la niebla. Desde una de las ventanas del salón se ve a lo lejos el Parque Natural de la Corneja a través de una hilera de álamos blancos, flanqueados a la izquierda por cedros, y un estanque con nenúfares, lavanda y calas. Junto al estanque siempre me sorprende la energía de los juníperos, también hay mimosas y coronillas. A la derecha, desde la siempre diferente ventana, muchas tardes ante las fotografías de Pilar o el magnetofón, intentando obtener datos que arrojen más luz sobre su obra y ella. En los membrillos y prunos comienzan a despuntar brotes que pronto serán flores.

Luis Revenga (LR): Pilar, ¿la luz determina el discurso?
Pilar Pequeño (PP): Al igual que con el encuadre, de un mismo sujeto pueden obtenerse diferentes imágenes dependiendo de la naturaleza de la luz. Para tratar de transmitir el sentimiento que una imagen me ha producido, considero que la luz es parte fundamental de esa imagen y la incorporo cómo, tal vez, el elemento más importante de la composición. Las mismas cosas pueden expresar diferentes sensaciones dependiendo de la luz. La luz y las sombras, es decir la escena lumínica tal y como se representa. En Vermeer se aprecia muy bien el equilibrio entre luces y sombras. Y en la pintura de Edward Hopper pude comprobar que las cosas que se ven en sus cuadros son lo que retrata y la luz.

cristina (1979)

Cristina 1979

LR: Aprendiste dibujo y pintura en una escuela
PP: Eso fue después. Antes, Josefina, la hermana mayor de mi madre, mi tía y madrina, que estudió y enseñó Bellas Artes, tuvo que marcharse a Francia durante la guerra civil. Con ella mi contacto personal fue escaso: me envió muchas postales -siempre temió volver a España- desde un pueblo en el sur de Francia, donde tenía un estudio de pintura y en cuya iglesia hay unos frescos pintados por ella. Vi numerosos cuadros en casa de mis padres, y eso pudo influirme.

Pilar Pequeño, desde muy joven comenzó a dibujar. Mi madre me decía ¿No sales? Y ella dibujaba y pintaba del natural lo que se me ocurría, pintaba todo lo que tenía ante los ojos, cosas que tenía en la habitación, paisajes. También veía muchos libros de imágenes.

PP: Siempre me gustó dibujar, y lo hacía a carboncillo o a lápiz, pero siempre en una gama monocroma: sanguina, y si usaba pastel lo hacía con un solo color.

LR: Cómo tu fotografía, siempre en blanco y negro
PP: Siempre veo mi obra sin color. Me gustan las luces, las sombras, el claroscuro. Antes, en lugar de ir a todos los sitios con la cámara, como hago ahora, llevaba siempre un rotring y papeles: Hacía línea contínua. Fue durante esa época en la que asistí al estudio de Justo Barbosa, en el que había una sección dedicada a tapices. Bueno, pues yo, dibujaba a los que dibujaban; o, a los hijos de mis amigos, en su casa, cuando les visitaba. Cuartos, muebles, mesas, cafeteras, tazas. Y aprendí algo muy importante: Plasmar mediante el dibujo diferentes texturas y materiales: Una piedra, un trapo, intentando dar la sensación del tacto de las cosas mediante líneas, luces y sombras.

 

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